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Por qué apuntarse a 54D®

La Historia de Daniel Granatta por Daniel Granatta

Mi padre era un optimista incurable. Ni mi madre ni yo conseguimos nunca entender de dónde sacaba aquella forma de ver siempre el vaso medio lleno con que vivía. Nunca más acentuado que el día en que le diagnosticaron un cáncer de páncreas, en avanzado estado. Su comentario fue el que siempre utilizaba cada vez que él o nosotros su familia nos topábamos con la adversidad: “Habrá que apretar los dientes y tirar para adelante”.

Menos de tres meses después falleció, pero nunca olvidaré como, en su última mañana con vida, se levantó cansado y adolorido para afeitarse, como si presintiera que había de arreglarse porque la ocasión lo requería. Mi padre era extremadamente atento a los detalles en cada cosa que hacía, ya fuera trazar una línea en un plano, explicarte una integral o serrar un pedazo de madera, así que pueden imaginar lo metódico de sus afeitadas, brocha y agua caliente incluidas, a la vieja usanza.

Recuerdo vívidamente sus delgados tobillos sosteniendo lo que antes habían sido unos gemelos poderosos, cultivados por más de 30 años de deporte. Le pregunté entonces cómo hacía para poder mantenerse en pie, y su respuesta, una vez más, me sacudió el corazón: “Son las ganas de vivir”.

Mi padre era un valiente. Creo que ahora yo también lo soy, pero durante mucho tiempo no lo fui. Como todos (imagino) alguna vez, yo también descarrilé, y la vida me lo cobró muy, muy caro. Es por eso por lo que nunca hay que desearle mal a nadie: la vida puede ser mucho más cruel que todo lo malo que nosotros podamos llegar a imaginar.

Apenas empezaba a levantarme cuando conocí a Rodrigo Garduño en el gimnasio al que yo iba. Yo ni sabía quién era, pero si algo tiene Rodrigo es una capacidad para, te caiga mejor o peor, no caer desapercibido. Los gimnasios son lugares en los que todos se miran de reojo para ver lo que hace o aparenta el de al lado. Menos Rodrigo. Él entrenaba como bestia desbocada, a su aire, con ese punto que a veces convierte la valentía en inconsciencia. Así que cuando, gracias a mi querido Amado, tuve la oportunidad de conocerle y probar suerte en una de las primeras generaciones de 54D, reconozco que estaba muerto de miedo: si este tipo entrena a la gente como entrena él, me van a pasar un camión por encima.

Y me lo pasaron. Un día. Y otro. Y al siguiente. Pero con el dolor muscular también llegó el respeto de quienes me entrenaban y de la gente con la que compartía mis horas allí. Y también fue desapareciendo el miedo. Y entonces me volví parte de la “secta”.

Le digo “secta” porque es el término con el que mucha gente que está afuera define a los que estamos o hemos estado alguna vez en 54D. Ayer, sin ir más lejos, tuve de nuevo esa conversación (por milésima vez) y es por ello por lo que estoy escribiendo estas líneas. Porque, en el entendido de quien no ha pasado por el proceso, 54D es un lugar más donde ponerte fuerte, o adelgazar, o cualquier tipo de excusa estética que quieran poner, y está en Santa Fe y Santa Fe está muy lejos y qué pereza levantarte a las 5 de la mañana y blablabla. Ya saben, “hay otros muchos lugares donde hacer ejercicio y no hay que sufrir tanto, hombre”, escucho.

Yo discutía, hasta acaloradamente, al principio, supongo que más para justificarme yo que para defender a los amigos. Ya ni me meto, porque creo que comprendí que la premisa fundamental era mucho más sencilla y no requiere tanta discusión.

Todos los lugares de ejercicio te prometen convertirte en el héroe de la película. Porque ya saben que, al final, los héroes siempre ganan. Pero héroes sólo puede haber unos pocos, y a lo mejor a ti no te toca, por el motivo que sea. Lo que sí puedes ser es un valiente. A los valientes los tumban, pero aprenden a levantarse. Algunos, como mi padre, traen la valentía de serie. Otros la tenemos que adquirir, y eso es lo que yo aprendí en 54D.

De esa valentía que no tiene nada que ver con hacer una serie más de abdominales o dominadas, sino el cómo abstraes eso a tu vida para poder enfrentarte a juicios injustos, enfermedades, complejos muy arraigados o problemas laborales. Cuando vean en sus redes sociales a uno de sus contactos subiendo una foto en traje de baño o sin camiseta no piensen que les está presumiendo el cómo se ve o cómo de fuerte (o no) está. Piensen en la valentía de alguien que, probablemente 3 meses atrás, ni siquiera se atrevía a mostrar ni un trozo de su piel por vergüenza de lo que le pudieran decir. Ese camino recorrido es muy largo, y para mí merece todo el respeto.

Llevo dos meses sin ir a entrenar porque acabo de pasar por uno de los procesos más dolorosos y complicados de mi vida, del que finalmente salí bien parado porque, entre quedarme lamentándome o seguir adelante, preferí hacer esto último. Por valiente.

54D no es una fábrica de héroes, es una fábrica de valientes. Y ese es el motivo por el que, si así lo deciden, debieran apuntarse. No para que les crezcan los músculos o se les reduzca la cintura, sino para que les crezca la valentía y puedan usarla donde y cuando la necesiten, para que la vida no les atropelle. Todo lo demás, lo estético, ya va incluido en el cheque.

Y eso, amigos, es la famosa “secta” de la que hablan.

Gracias Rodrigo.

Mi reencuentro conmigo por Por Adriana Reyes

Tengo 35 años y soy mamá de tiempo completo de 2 hermosas niñas (7 y 2 años). El deporte siempre me ha gustado y ha sido parte de mi vida, sin embargo, a partir de que tuve a mi primer hija las cosas cambiaron y lo dejé de lado. Para cuando tuve a la segunda, hacía muy poca actividad deportiva y entré en crisis al darme cuenta que ya no era yo. Verme al espejo cada mañana era desalentador y desesperante, al grado que pensé que nunca más volvería a mi peso, talla y condición física.

Afortunadamente encontré 54D, que ha sido un parteaguas en mi vida. Sin dudarlo, puedo decir que es de las mejores cosas que me han pasado en la vida y no sólo por volver a estar fuerte y delgada, sino porque me ha dado la oportunidad de demostrarme lo capaz que soy de lograr algo cuando me lo propongo, de sacar mi fuerza interna, el coraje y el corazón para seguir adelante en cada reto. Porque justamente así es cada día de entrenamiento en 54D. Gracias de verdad.

¡54 días sin chupe y sin garnachas es un chingo! por Allan Alonso

Esas fueron mis palabras cuando un buen día Mariana Guillen me platicaba, muy entusiasmada, del programa de entrenamiento intensivo del cual ella formaba parte y me recomendaba inscribirme.


Teniendo 24 años, un aspecto físico que muchos considerarían “normal”, visitando el gimnasio 2 o 3 veces por semana (principalmente el triatlón: sauna, vapor e hidromasaje, jajaja) y con hábitos alimenticios llamémosle decentes; claro sin dejar de lado el miércoles de garnachas (es el día vegetariano en el comedor de la oficina, por lo que era necesario pagarle una visita a Doña Mary y su puesto de quesadillas, gorditas de chicharrón y demás delicias garnacheras más que prohibidas para cualquier integrante de 54D) y las cantidades industriales de alcohol que comúnmente ingerimos “los chavos" como yo en el antro, con los amigos o simplemente cheleando mientras veía cómo mi querido Cruz Azul cumplía una temporada más sin coronarse. Todo esto me llevó a la conclusión de que 54D era equivalente a gastar un buen de lana en algo que yo creía no necesitar, como seguramente muchos de ustedes lo piensan.



Los que tengan la fortuna de conocer a Mariana Guillen, saben que cuando esa mujer se propone algo lo consigue, esta vez no fue la excepción. Pasaron varios meses y Mariana nos insistía a ADibgo Go (Bullo) y a mí para que nos armáramos de valor y nos inscribiéramos al programa. Nos insistió tanto que despertó la curiosidad en mí y empecé a buscar información acerca del programa en internet y en las redes sociales. Algunas de las imágenes que encontré en facebook me parecían irreales y llegue a pensar que 54D era como esos productos milagro que anuncian en la televisión. Seguro es fotomontaje me decía a mí mismo para ponerme pretextos. Para no hacerles el cuento largo termine pactando con Bullo; quien estaba a punto de convertirse en mi roommie, que nos íbamos a inscribir juntos al programa.



Empezamos el programa y, para qué mentirles, ¡empezó el sufrimiento! Esos 10 días de DETOX fueron el equivalente a un paseo por el infierno. La ausencia de glucosa en mi organismo me puso tan irritable que no se como hoy en día sigo teniendo novia (se merece un monumento en Reforma), ¡todo!, literalmente todo, me hacía enojar.


Además de la dieta, levantarme a las 5 a.m. para llegar a Polanco a las 6 a.m. y sentir que en cualquier momento podía morir a causa de los ejercicios y la exigencia de mi coach, Jesús Villagómez, eran razones suficientes para tirar la toalla y regresar al estilo de vida que llevaba antes.


Pero esa misma exigencia y la entrega, dedicación, disciplina y pasión con la que entrenaban mis compañeros de la Generación 9 (#EspectacularG9) fue lo que me hizo dar mi máximo esfuerzo y por lo que logré sacar la mejor versión de mí mismo.



El resultado de 54D además de un cambio físico, es un cambio de chip. Después de los 54 días estoy seguro que todos los graduados salimos con un cambio de actitud, con el cual sabemos que todo lo que te propongas en la vida lo puedes lograr a base de constancia, esfuerzo disciplina y entrega, sin importar que tan grande sea el reto.



Estoy orgulloso de poder formar parte de esta gran familia 54D, me voy más que satisfecho con mis resultados pero consiente de que puedo dar mucho más. Quiero agradecer a todo el Staff de 54D por su apoyo, especialmente a Jesús Villagómez y Daniel Ortega por llevarme al límite y ayudarme a sacar lo mejor de mí; igual a Mariana Guillen y Andrea Occelli por no dejarme caer en las garnachas otra vez. También quiero darle las gracias a todos los integrantes de la #EspectacularG9 Polanco, no hubiera logrado nada de esto sin su apoyo y amistad, ¡son la neta!



Por último, a todos los que están pensando inscribirse al programa los invito a unirse a esta gran familia. Les prometo que no se van a arrepentir, van a sudar como nunca, les va a doler cada músculo del cuerpo... Se vale gritar, llorar y patalear. Pero de lo que puedes estar seguro es que en ese maravilloso lugar lo único que no está permitido y está absolutamente prohibido ¡es rendirse! ¿Aceptas el reto? Ánimo, #NiModoQueNoSePueda.

EX-EXPERTO EN PRETEXTOS por Andrés Loaiza

Soy médico anestesiólogo y tengo 48 años. Originario de mi querido Medellín, Colombia y radicado en México, D.F. desde hace 27 años. Casado y padre de una hija de 18 años y un hijo pequeño de 9. Esta es mi historia en 54D…



Feliz ex-fumador y sedentario consumado hasta hace pocos meses, gran experto en pretextos y justificaciones desde que tengo memoria, siempre me avergoncé del ser que aparecía todas las mañanas en mi espejo... hasta hace pocos meses.


54D ha significado para mí el cambio radical en mi condición y aspecto físicos, pero en especial el cambio radical en mi mente y mi espíritu. Me hizo recuperar la esperanza en mí mismo y me brindó la motivación que mi vida requería, hoy soy nuevamente el protagonista de mi novela, estoy listo para seguirla escribiendo y echar mis palomas al vuelo, ya no hay límites... Gracias 54D y gracias Rodrigo Garduño por haber creado algo que nos ayuda a tantas personas a dejar atrás la persona que no queríamos ser y a darnos la oportunidad de conocer a la mejor versión de nosotros mismos. ¡Gracias de verdad por hacerme sentir vivo de nuevo! 



También quisiera compartirles una reflexión que escribí: 


Mi mente se pierde en un bosque de recuerdos, a veces la maraña me confunde, me cuesta creer que todas esas experiencias yo las viví, me cuesta creer que ha pasado tanto tiempo… repaso una vez más mi figura en las fotografías, es como ver a mi padre o a mi abuelo, con su cuerpo blando, “flaquigordo”, de ser posible bien mimetizado por la ropa… pero no son ellos, soy yo… la copa en una mano, el cigarro en la otra y a mi lado, mis hijos mirándome, queriendo ser como yo… sólo son fotografías, imágenes fijas en un papel sensible a la luz, clavadas en la pared frente a mí… la caminadora sigue sonado fuerte y vibrando con cada una de mis zancadas, nunca había trabajado tan fuerte esta caminadora, nunca desde que la adquirí hace 10 años porque para ser perchero no se requiere una gran labor pero hoy, la caminadora se oye agotada, funcionando al máximo, al ritmo de mi respiración mientras sigo mirando las fotografías… el aire entra y sale de mis pulmones, invisible, intenso, una sensación gloriosa se apodera de mí, mi mente le dice a mi cuerpo, ocúpate de respirar, de lo demás me ocupo yo… hace poco leí que vivir es vivir el instante presente, no es posible vivir en el pasado ni en el futuro… ¿cuánto dura un instante presente?, ¿es por eso que el científico dijo que el tiempo es relativo y que todo, todo, todo ocurre simultáneamente?, creo que por fin lo entiendo… es domingo, hoy no hay 54D y mi hijo clava su mirada azul brillante en mí, impaciente, quiere usar el perchero-caminadora, para correr… después iremos al centro a celebrar que estamos vivos y juntos… y cuando me preguntan, ¿cuándo diablos vas a dejar el 54? ¿sabes qué? ¡Jajaja!, cuando Rodrigo me corra, no sabría qué otra cosa responder.

Un cambio de chip por Cynthia Larios

Pero si yo nunca he movido un dedo más allá de unas clases de yoga, pilates o seudobox (que la verdad no eran más que atole con el dedo)... Pero es que eso de 54D suena a que debes de ser súper deportista y así… Es que soy de huesos gruesos... No, la verdad yo no voy a aguantar y no tengo tiempo… Bla, bla,bla.

Todas esas fueron las excusas que en febrero pasado decidí dejar de lado y darme la oportunidad de cambiar mi vida con un método que me resultaba convincente y bien planeado. ¿Y qué paso? Pffffff. Pasaron muchas cosas: la verdad es que al inicio sufrí como pocas veces en mi vida, y el dolor físico era más fácil de superar que el mental, el cual es sin duda más fuerte. Me costé trabajo entender que mis límites estaban muy lejos de ser mis verdaderos límites. Varias veces me mareé, una hasta vomité, sudé hasta no poder ver y después de todo, cada día lo amé y lo disfruté al máximo. Desarrollé una adicción a vivir bien, lo cual se traduce en comer sanamente (sin sufrir), hacer un ejercicio disciplinado y que te mantenga en constante reto. Poco a poco los resultados fueron más notorios y aunque los físicos son los primeros que me preguntan, quiero compartir que los resultados mentales y emocionales fueron para mí los más grandes y significativos: sin duda un cambio radical del chip.

Aunque claro, perder 16 kilos de peso (de los cuales 14 fueron de horrible grasa) y el aumento de 10% de músculo es ¡simplemente alucinante! Aún hay momentos en que no me reconozco y me lleno de orgullo por este gran logro. Rodrigo Garduño siempre dice que somos su orgullo, pues él sólo nos da la plataforma y un método, pero para mí 54D es un orgullo como empresa y como equipo de trabajo. Gracias por dejarme ser parte de esta gran familia, gracias en especial a Alejandra González de la Vega por invitarme a tomar el reto y creer en mí. Gracias miles a mi One & Only, coach favorito del mundo mundial Juan José García Montufar. Porque cada día me exigió el extra, aunque yo pensaba que ya no podía más. Gracias también a mis grandes compañeros de generación, donde encontré grandes personas y amigos con un objetivo común: ¡ser mejor y buscar superarse!


Comparto esto con el fin de inspirar a alguien más a tomar esta aventura. ¿Qué puedes perder? ¡Nada! ¡Pero sí tienes mucho que ganar, como lo hice yo!